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Hay cosas que no termino de entender. Un ejemplo es la constante y acumulativa presencia de envoltorios de caramelos en mi mochila de la facultad, incluso ya terminada la semana. Tengo un cuelgue con los útiles escolares, soy una gran cleptómana. Pero grosísima. Me di cuenta, un poco humillada, en los últimos años de primaria, teniendo una peculiar preferencia por los sacapuntas (el último que tuve me lo apropié, y una amiguita mía, de pesada ya, me dijo "Mira, te lo regalo"). Volviendo al tema, otra cosa que no termino de entender es por qué ya dos autobuseros me han mirado mal porque me pongo a escribir en el viaje. Ni que me pusiera a escribir páginas y páginas, ¿no saben lo imposible que resulta hacer eso con las sacudidas de esos transportes? Ah, pero el secreto es aprovechar los semáforos en rojo. Tal vez me miran mal por el resentimiento de no permitirles ninguna charla sobre cómo los adolescentes están en todo o el frío que empieza a hacer. Y tengo un poco de malas pulgas con un autobusero en especial, seguramente por la vez que me dijo "¿Dieciocho años y solo tuviste un novio?". Uh, todo áspero. "No le voy a explicar mi concepto sobre las relaciones, señor, siga conduciendo".
No entiendo por qué no me gustó Rayuela las primeras veces que la leía (sí, finalmente me encantó). No entiendo por qué escribí nombres de personas que conozco en los márgenes. Y tampoco pretendo que todos sean un Morelli, pero no entiendo el hecho de que a otras personas no les interese discutir lo fascinante de la metonimia o del oxímoron como dispositivos retóricos (¡pero, muchachos!). Mentira, eso sí lo entiendo. (Ñoña.) Y cosas por el estilo.
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1 comentario:
Pues siendo sincera, a mi la metonimia "me la trae floja". No, no me fascina eso. A mí lo que me fascina es lo complejo que somos y cómo un mínimo cambio puede alterar todo el organismo...Pura belleza fisiológica, querida.
Un besito!
Leo
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