lunes, 21 de diciembre de 2009

Sábado

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Piso el suelo frío, ni siquiera mis calcetines me aíslan de él. Tiro los zapatos hacia un costado, Me apoyo decaídamente sobre la pared. Diría que las cinco o seis personas que están saliendo por la tele en este momento me miran con pena, los muy hijos de puta, como si la necesitara. Necesito calmarme, eso, más que nada.

Nos conocemos, ¿no? Me llamo Neil.

Es raro, me quedé cuarenta minutos esperando a que me llamaran y aun así, no contestaron los mensajes.

No son tan lindas.

Tienen razón, sí, quizá me hago la sufrida. Podría volver a intentarlo. O podría quedarme en casa alguna noche. Nadie te obliga a nada, en realidad. Yo me meto en estas cosas. Igual no hablaron de mí después de colgar. Tanto no les importa que no haya ido. ¿Cuándo decidí querer estar aquí? Cuándo decidí no querer estar aquí, eso lo sé. Ahora. Prefiero que me llames tú. Nuevos. Amigos. Esto no es vida.

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