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Llenar los espacios con belleza.
Tomar los chupitos más amargos y fríos que nunca.
Vivir de pastillas que no tengan prospecto.
Esconderle las pilas a los relojes para que dejen de dar las tres.
Retratar momentos, no personas.
Caminar sin pasarelas ni música.
Usar pantalones sin bolsillos para no llevarte a todos lados.
Aspirar la alfombra de debajo de mi cama dos veces por semana.
Hacer ejercicio tres veces por semana, mínimo.
Apuntarme a la autoescuela, por fin.
Sacarme las mañas, los pelos, las encías, tus sonrisas.
Comer menos grasas, más proteínas.
Cesar de dar vuelta el espejo antes de la siesta.
Despertar y después empezar a soñar que el mundo nos pertenece.
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