domingo, 13 de diciembre de 2009

Penitente

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Se me regaló la noche
Y para copiar sus pasos
Me quiebro la cadera
Y me vuelvo un xilofón.

Noctámbula deambulo.
Despierta pernoto.
Con brazos vacíos de sueños.
Sin mar ni destello.

Mis ojos se mojaron
De muertes súbitas
Y empobrecidos feligreses
Que vuelven sin rumbo.

Y te añoro negrura absuelta.
Mi condena a la amargura
(Y a la banal envoltura)
Dichosa reina de mis sombras.

Que te cuelas por mi manga
Sonando a tics de reloj
Y a ecos descompuestos
De gemido amorfo.
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1 comentario:

José F. Prieto Álvarez dijo...

Una vez más me dices que te firme, que no lo hago nunca. ¿Quieres explicarme cómo pretendes que te firme aquí si ni siquiera sé de qué estás hablando? Dígnate a hablarme y a contarme tus cosas, déjame entrever lo que realmente quieres decir con todos esos recursos líricos y te juro que te firmaré a diario.