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Se me regaló la noche
Y para copiar sus pasos
Me quiebro la cadera
Y me vuelvo un xilofón.
Noctámbula deambulo.
Despierta pernoto.
Con brazos vacíos de sueños.
Sin mar ni destello.
Mis ojos se mojaron
De muertes súbitas
Y empobrecidos feligreses
Que vuelven sin rumbo.
Y te añoro negrura absuelta.
Mi condena a la amargura
(Y a la banal envoltura)
Dichosa reina de mis sombras.
Que te cuelas por mi manga
Sonando a tics de reloj
Y a ecos descompuestos
De gemido amorfo.
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1 comentario:
Una vez más me dices que te firme, que no lo hago nunca. ¿Quieres explicarme cómo pretendes que te firme aquí si ni siquiera sé de qué estás hablando? Dígnate a hablarme y a contarme tus cosas, déjame entrever lo que realmente quieres decir con todos esos recursos líricos y te juro que te firmaré a diario.
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