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Me quedan muchas noches, lo sé, porque qué sabrás tú de estar sin ti. Mi memoria no me hace favores. Mi sangre, la necesito, pero tampoco quiero devoluciones. Me da miedo el horizonte. Te enviaré un trocito de tu globo terráqueo intuyendo por adelantado que no aparecerás. El tiempo, en aquella dimensión verde, se dilató entonces hasta hacerse infinito, mientras que las partículas allí presentes se aceleraron hasta abrir un agujero negro. Salté, y tengo esa seguridad sin ciencia de que si intento salir de allí, me amarraré una cuerda al tobillo para saber volver, o para que tires de ella una vez más.
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