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Son las doce. Me acuesto, pero no me duermo enseguida. No porque no quiera, sino porque no puedo. Se me agolpan los pensamientos y, a su vez, se pisan y bloquean entre ellos.
Tarareo una canción. Demonios, qué canción es ésta? Ya la he escuchado antes, si no fuera así, de dónde saco la melodía? ... -El móvil vibra.- Un mensaje. Tuyo. Lo abro impaciente. Sonrío apenas mientras lo leo y mis ojos se llenan de deseo. Dejo el móvil donde estaba (bajo la almohada). Cierro los ojos, ya más tranquila. Y duermo.
No obstante, vuelvo a despertarme. Miro el reloj: las dos menos diez. Me froto los ojos y me acerco al otro lado de la cama, buscándote entre las mantas, aunque sé a ciencia cierta que no estarás. Respiro profundamente y me parece percibir tu olor. "Dale, no te vayas aún.", ruego a la oscuridad, como si pudiera concederme ese deseo. Y sí, por varios minutos, me parece respirarte. Me acurruco, me duermo.
Y despierto esta mañana. Me parece verte en el espejo. Sonrío, a los débiles rayos de luz que entran por mi ventana. Y pienso que qué más da, si ahora, ya, ni siquiera recuerdo la melodía.
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