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Cuando alguien pega palabras como quien quiere la cosa demasiado yo abuso de la súbita inspiración maliciosa que me provoca leer esa poesía accidentada. No escribo inmersa en un sopor de antirrealidad y placebos jugosos (como ellos suelen) que solo generan rompecabezas semánticos creados para esconder la evidente pobreza de pensamiento y repletos de facilimos mentales (la metáfora, sin ir más lejos) sino que me cocino en mi propio caldo de orgullo y fastidio fabricando tallos espinosos de verborragia asesina coronados de versos verdes que punzan la visión de quien me considera escribiente digna de ser leída. Me quedo a la mitad del viaje la mayoría de las veces, sí, tirada al lado del camino que describió Fito, mordiendo la manzana que condenó a Eva a la sodomía eterna, bebiendo del pecho de un amor que no me alimenta sino que lentamente me llena de muerte, y gozo.
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1 comentario:
Me parece un poco exagerado eso que dices de las metáforas. Tenemos que debatirlo con un güisqui.
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