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Hoy me he despertado y lo primero que me ha ocurrido ha sido que, por culpa de esa manía de andar descalza (lo haría hasta en la calle si el suelo no quemara tanto), me he dado un golpe con la puerta de mi habitación en el dedo pequeño del pie derecho. Sí, me he cagado en san dios. Por si fuera poco, al ir a por el pan me he rozado con un coche y la matrícula me ha hecho un corte detrás de una rodilla al sobresalir un poco. Más tarde, preparando el almuerzo, me he dado un golpe con la campana del estractor en la sien y (esperad que no se acaba ahí!), acto seguido, miles de gotas asesinas de aceite hirviendo de la freidora me han saltado a la cara; con toda la buena suerte que una de ellas ha ido a parar al lagrimal del ojo derecho y llevo todo lo que va de día desde entonces viendo borroso (nada que un colirio no pueda solucionar -hope so-). ¿El resultado? Ando coja, estoy medio ciega y tengo la cara llena de puntitos rojos debido a las quemaduras, cual niño con varicela. Sí, un día redondo. Tan redondo como el chichón que tengo en la sien.
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1 comentario:
Esos son los típicos "buenos días" en los que uno desearía dormir todo el día y esperar a que deje de ser tu martes 13 particular...
Beso y cuidate el chichón!!
Albert
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