viernes, 20 de noviembre de 2009

A mí me sobra con darme de cabeza (contra la pared.)

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Creo en la posibilidad de anular ciertas cosas. Para eso se las debe emparejar. Por ejemplo, dos tristezas. Para mí lo que te quema el cerebro es la insistencia en un mismo problema (el discurso mental, me dijeron una vez) hasta sentir que lo que te duele ahora es lo que siempre te dolió, cuando en realidad no es una cuestión de malestar latente que siempre estuvo y va a estar ahí. Nada de eternidades aquí, tú eres muy fatalista y por eso todas las madrugadas se termina el mundo. Si se logra eliminar esa cualidad de exclusividad catastrófica (monopolio de angustia, como me gusta llamarlo) la vida se hace más amena. Todo y nada te pone mal, el balance se logra dando saltos de un problema a otro. ¿Quién no tiene, mínimo, dos problemas? Al principio, eso te pone mal, pero ya fue, hay algo que te pone peor, y otra cosa aún peor, y también está esto otro esperando a lastimarte. Date el gusto de que las cosas te depriman con ganas. Y que nadie nunca sepa bien lo que te pasa. Llora por muchas cosas. Uno es terco, no existencialista.
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2 comentarios:

Pablo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Pablo dijo...

No te va sentando demasiado mal la mayoría de edad, ¿no? Para mí que escribes incluso mejor. ¡Qué hembra!